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Título

Visión alternativa de la evolución: La grandeza moral del perdedor

AutorCervantes, Emilio
Palabras claveCiencia
Evolución
Teoría
Moral
Lenguaje
Fecha de publicación4-jun-2010
ResumenA mediados del siglo XIX, Charles Darwin propuso la Teoría de Evolución por Selección Natural. Se basó para ello, principalmente además de su propia experiencia vital, en los datos de Malthus de dinámica de poblaciones humanas. Argumentando que igual que en la especie humana existía una competición por los recursos, lo mismo debería ocurrir en el resto de las especies. La competición por unos recursos limitados en poblaciones que presentan un potencial de crecimiento teórico superior al real es uno de los pilares en que se asienta su teoría, que ha sido desde entonces prácticamente admitida sin discusión. No obstante, el proceso clave en evolución no es la dinámica de poblaciones sino la formación de especies y en ningún momento se ha demostrado ningún proceso de competición que pueda estar en su base. A pesar de ello y en una de las paradojas mayores de la historia de la Ciencia, en una época completamente dominada por la experimentación, una teoría capital como es la del origen de las especies (evolución) por Selección Natural sigue vigente sin haber sido nunca demostrada empíricamente (algo imposible pues se trata de una tautología), se aplica sin límite en los más variados y exigentes campos de la biología experimental, y además, su influencia se ha extendido a múltiples aspectos del comportamiento humano, participando con una indudable responsabilidad en la creación de una sociedad en extremo liberal y competitiva y contribuyendo a la creación de un mundo sin dioses de ningún tipo en el que la moral va siendo arrinconada. En este texto, recorreremos un camino alternativo. Partiendo de la base de que el ser humano necesita de la moral y de los dioses, que están en su origen y de algunas observaciones del psicólogo Carl Gustav Jung, se propone, no una teoría, sino una visión del mundo complementaria y opuesta a la del darwinismo. La competición por los recursos es algo anecdótico y transitorio en la historia de la vida; lo permanente es la creación de estructuras complejas como resultado de adaptaciones a un ambiente cambiante. En el caso de las sociedades humanas, Jung nos hace ver como el aumento en complejidad conlleva a su vez un incremento en la explotación sistemática y el maltrato de aquellos individuos que permanecen desobedientes al sistema dominante. Se destaca aquí la importancia moral de estos elementos, indiscutible en el caso de las sociedades humanas en las cuales han sido tradicionalmente perjudicados. Su menor longevidad se asocia a menudo con destellos únicos de grandeza. Considerados a menudo víctimas o fracasados, estos individuos serían también los portadores de las cualidades morales de libertad, compasión y otras necesarias e ineludibles para la comprensión de la vida y su evolución desde una perspectiva amplia, acorde con la necesidad moral del ser humano.
URIhttp://hdl.handle.net/10261/24997
Aparece en las colecciones: (IRNASA) Informes y documentos de trabajo
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